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Los últimos días del mascoteo


Image credit: © Charles LeClaire-USA TODAY Sports

Traducido por Pepe Latorre

Da la sensación que la habilidad de mascotear del receptor ha desaparecido casi al mismo tiempo de haber sido descubierta. El arte de recibir un lanzamiento y maximizar las opciones de que fuera llamado strike, algo de lo que se habló por primera vez en 2008, ha tenido un recorrido corto como una de las habilidades más importantes y difíciles de valorar que un receptor podía tener. El mascoteo valió para que durante algunos años se les dieran vivas a peloteros como José Molina y Buster Posey. Nos daba una dimensión extra en la que podíamos ver la grandeza de jugadores cuya contribución a menudo pasaba desapercibida.

En cuanto el mascoteo llegó al gran público empezó a desaparecer. La teoría nos dice que en cuanto los equipos fueron conscientes del impacto que un receptor tenía en que un lanzamiento fuera cantado como strike, empezaron a entrenar a aquellos que no eran capaces de hacerlo bien. Una mejora promedio significó que aquellos receptores que habían destacado espectacularmente en la materia ya no fueran tan especiales en torno al 2016 (cuando Jeff Sullivan detectó lo que estaba sucediendo).

Esa bajada sostenida sufrió una caída abrupta en los últimos dos años. A día de hoy, y según las métricas de Baseball Prospectus, el valor de un receptor con la habilidad de mascotear es la mitad de lo que solía ser. Aunque no está muy claro si la bajada en el valor de los receptores se debe a una mejora en el promedio u otro factor, lo que sí está claro es que estamos atendiendo a los últimos días del mascoteo.

Baseball Prospectus evalúa el mascoteo a través de la métrica de “strikes cantados por encima de la media” (Called Strikes Above Average en inglés original y cuyas siglas son CSAA). Esta tiene en cuenta la localización del lanzamiento, el estadio, el lanzador, el umpire, y el bateador entre otros muchos factores. Ya que los receptores tienden a recibir miles y miles de lanzamientos cada año, el CSAA tiende a ser bastante preciso y de fiar. Además el CSAA nos permite deducir directamente el número de carreras que un receptor salva cada año gracias a su habilidad para mascotear.

La desviación estándar de esas carreras salvadas está disminuyendo dramáticamente. Mientras que hace no tanto tiempo hubo receptores capaces de añadir entres dos y tres victorias a su aportación gracias a esta habilidad, en los últimos años se puede considerar buena suerte el conseguir una simple victoria. Este gráfico nos muestra la desviación estándar en carreras salvadas.

Hay una explicación sencilla para lo de 2020. El CSAA es una estadística de acumulación y el 2020 fue una temporada más corta. Pero incluso teniendo en cuenta lo anterior, los datos registrados en 2020 fueron extraordinariamente bajos. También hay que tener en cuenta que el 2021 aún no ha terminado, pero ya está claro que tendrá la dispersión más baja (así como el valor total) de mascoteo de cualquier temporada para la que tenemos datos.

Este patrón no es fruto de la manera en que Baseball Prospectus se acerca al mascoteo, las métricas de FanGraphs nos ofrecen el mismo resultado. En 2017 los mejores en el mascoteo fueron capaces de salvar entre 15 y 25 carreras. Este año el mejor ha llegado a las 12 mientras que solo otro receptor ha alcanzado las 10.

La primera vez que percibí una drástica tendencia hacia la baja en el mascoteo fue en 2020, pero al igual que muchos otros aspectos de esa temporada tan rara condicionada por la pandemia no estaba claro si se trataba de un cambio a corto plazo o algo que llegó para quedarse. Jonathan Judge señaló que los árbitros estaban cambiando mucho más sus zonas de strikes en 2020 que en años anteriores, pero considerando que la pandemia también les estaba afectando, era razonable creer que pudieran haberse estado adaptando a la nueva realidad y que todo volvería a la normalidad. Los datos de 2021 sugieren lo último: los mejores mascoteadores de hoy simplemente no acumulan el mismo valor que los mejores mascoteadores de antaño.

La reducción en el valor parece ser generalizada, pero está afectando más a la “élite”. Austin Hedges, que alguna vez fue el dios del mascoteo y que en 2019 logró ahorrarle 26 carreras a su equipo por sacar strikes adicionales, ha bajado a menos de siete en 2021. Otros de su tipo, como Buster Posey y Yasmani Grandal, también han experimentado grandes caídas. Pero parte de esa caída se puede atribuir a la edad: como casi cualquier habilidad, el mascoteo se resiente por el paso del tiempo.

Sin embargo, todavía no hay nueva generación de mascoteadores élite que les haya reemplazado. Gente como Max Stassi y J.T. Realmuto son la nueva vanguardia, pero de haber jugado a finales de los 2010 simplemente habrían estado por encima del promedio, obteniendo alrededor de una docena de carreras de valor.

Jeff Sullivan, al notar por primera vez la bajada de valor del mascoteo en 2016, lanzó la idea de que todos se estaban volviendo buenos, lo que significó que el promedio aumentó y los mejores mascoteadores dejaron de ser tan especiales. Hay alguna evidencia de un lento declive, como lo que paso entre 2008 y 2016, pero lo que ha sucedido en los últimos dos años parece mucho más repentino y drástico.

Eso no quiere decir que no podría haber sido el resultado de una mejora o un aumento en el entrenamiento del mascoteo. La temporada acortada por la pandemia les dio a los peloteros mucho tiempo para mejorar sus habilidades, y ese tiempo puede haber resultado especialmente útil para los receptores, que han visto como se reducía el abuso y la fatiga que sufren en una temporada regular larga. Tal vez los receptores en bloque decidieron practicar la recepción de lanzamientos en secreto mientras esperaban que comenzara la temporada 2020, y eso fue suficiente para elevar tanto el promedio que ahora hasta Buster Posey parece mediocre.

Pero también podría haber otras muchas explicaciones. Quizás ahora los árbitros están trabajando más duro para no ser “engañados” o quizás están revisando más el feedback que les da un dispositivo como Hawkeye. Quizás haya otros impactos derivados de la pandemia, como el efecto de familiaridad de los árbitros sobre el que escribí el año pasado y que se ha desarrollado de la manera esperada este año.

Ha habido tantas cosas raras en el béisbol recientemente, por no mencionar en el mundo en general, que en este momento es difícil saber que pasa. A largo plazo, la inminente llegada de los árbitros robot parece destinada a acabar con el mascoteo del receptor, sea cual sea el proceso que explique lo que sucedió en 2020-2021. Pero la zona de strike electrónica puede terminar dando el golpe de gracia a lo que parece ser un arte que muere rápidamente.

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